CAMINOS DEL VINO DE CÓRDOBA Entre sierras e historia : una provincia que también se descubre en una copa

CAMINOS DEL VINO DE CÓRDOBA Entre sierras e historia : una provincia que también se descubre en una copa

De Colonia Caroya a Calamuchita, de Traslasierra al norte y noroeste provincial, Córdoba está construyendo una identidad vitivinícola propia. Viñedos de altura, pequeñas producciones, bodegas familiares, gastronomía regional y paisajes serranos conforman una experiencia que va mucho más allá de una degustación. En este recorrido, Cruz del Eje comienza a mostrar también el potencial de una tierra históricamente asociada al olivo, pero capaz de aportar uvas y personalidad a los nuevos vinos cordobeses.

Durante mucho tiempo, hablar de vino argentino significó dirigir inmediatamente la mirada hacia Mendoza, San Juan o los Valles Calchaquíes. Sin embargo, el mapa vitivinícola nacional es mucho más amplio y Córdoba viene recuperando, paso a paso, un lugar que en realidad le pertenece desde hace siglos.

Porque la relación de Córdoba con la vid no es nueva. La historia del vino cordobés está profundamente ligada a la presencia jesuítica y a las primeras plantaciones desarrolladas en el norte provincial. Basta con recordar que en la Estancia Jesuítica de Jesús María se elaboró el histórico Lagrimilla, un vino que llegó incluso a la mesa de la corona española en el siglo XVIII.

Aquella historia hoy encuentra una nueva expresión, porque la Córdoba vitivinícola contemporánea combina tradición y experimentación. Grandes bodegas conviven con pequeños productores; aparecen viñedos en lugares que hasta hace algunos años difícilmente hubieran sido asociados al vino, y enólogos y emprendedores comienzan a trabajar con diferentes alturas, suelos y microclimas.

El resultado es una provincia que no ofrece un único vino cordobés, sino muchos.

UN CAMINO, MUCHOS PAISAJES

Quizás allí esté el mayor atractivo de los Caminos del Vino de Córdoba. No se trata de una ruta lineal. Es una red de regiones productivas dispersas por la provincia, cada una con características propias.

La propuesta oficial identifica zonas como el Norte cordobés, Sierras Chicas, Traslasierra, Calamuchita y Punilla, donde las diferencias de suelo, altura y clima producen perfiles distintos. Entre las variedades presentes aparecen Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir e Isabella —la tradicional frambua—, además de otras cepas que diferentes proyectos vienen incorporando.

Y esa diversidad convierte al viaje en parte fundamental de la experiencia.

Aquí el turista no solamente visita una bodega. Recorre caminos serranos. Entra en pequeños pueblos. Conversa con productores. Prueba quesos, embutidos, aceites de oliva y productos regionales. Camina entre las plantas. Descubre cómo cambia un vino según el lugar donde nació.

El vino termina funcionando como una excusa extraordinaria para conocer Córdoba desde otra perspectiva.

COLONIA CAROYA Y JESÚS MARÍA: Donde comenzó la historia

Cualquier recorrido serio por la vitivinicultura cordobesa debería comenzar en el norte. La relación entre Jesús María, Colonia Caroya y el vino reúne dos capítulos fundamentales de la identidad provincial: primero la herencia jesuítica y posteriormente la inmigración italiana, especialmente friulana.

Con los inmigrantes llegaron nuevas costumbres, técnicas productivas y una cultura en la cual el vino formaba parte de la vida cotidiana. Todavía hoy esa herencia puede sentirse en las mesas caroyenses: salames, quesos, pastas, conservas y vino conforman una identidad gastronómica muy marcada.

Uno de los grandes referentes actuales es Bodega Terra Camiare, heredera de una tradición bodeguera iniciada en 1929. La bodega actual nació de la recuperación de aquel establecimiento histórico y trabaja además con uvas procedentes de diferentes puntos de Córdoba, entre ellos Colonia Caroya, Quilino, Cruz del Eje, Calamuchita y Traslasierra.

Este dato es especialmente interesante: demuestra que el mapa del vino cordobés ya no puede comprenderse solamente mirando dónde están ubicadas las bodegas. También hay que mirar dónde están los viñedos y de dónde procede la uva.

Y allí aparece con fuerza el noroeste.

CRUZ DEL EJE: Una nueva frontera para el vino cordobés

Hablar de Cruz del Eje obliga primero a hablar de su tierra. Sol intenso, amplitud térmica, monte nativo y una larguísima tradición agrícola forman parte de un paisaje productivo donde el olivo ocupa un lugar central.

De hecho, la provincia incluye formalmente a Cruz del Eje dentro del Camino del Olivo, destacando sus extensas plantaciones y establecimientos dedicados a aceites y aceitunas. Entre los productores turísticos de la zona aparecen Verde Cosecha SRL, Fincas de Cruz del Eje – El Federal y Soliva SRL.

Pero esa identidad olivícola no excluye a la vid. Al contrario. Cruz del Eje aparece como uno de los territorios emergentes más interesantes para observar dentro de la expansión vitivinícola cordobesa.

La evidencia está en las propias bodegas provinciales. Terra Camiare señala expresamente que utiliza uvas provenientes de Cruz del Eje para algunas de sus elaboraciones.

Y existe otro dato revelador: la bodega urbana Slow Wines elaboró un Syrah procedente de Cruz del Eje, demostrando que las uvas de la región pueden trascender el ámbito local y formar parte de proyectos enológicos innovadores.

Esto permite mirar a Cruz del Eje desde una perspectiva diferente. No necesariamente como una región llena de grandes bodegas abiertas al turismo —todavía no posee la concentración de establecimientos de Calamuchita o Traslasierra— sino como territorio productor y nueva frontera vitivinícola.

Ese matiz es importante. En Cruz del Eje el atractivo podría estar precisamente en integrar diferentes producciones del territorio: vino, aceite de oliva, aceitunas, miel, gastronomía regional y monte nativo.

La ruta deja entonces de ser solamente “el camino del vino” para transformarse en un auténtico camino de sabores del noroeste cordobés porque el visitante puede comprender que la misma tierra que produce olivares, mieles y frutos regionales también comienza a aportar uvas a la vitivinicultura provincial.

Cruz del Eje tiene, además, un elemento diferencial: todavía conserva la sensación del descubrimiento. No es un circuito vitivinícola masificado. Y justamente allí puede residir su encanto.

EL NOROESTE: PEQUEÑOS PRODUCTORES, GRANDES HISTORIAS

El desarrollo vitivinícola del noroeste cordobés no termina en Cruz del Eje. La propuesta turística provincial incluye en esta región a Familia Robledo Balzarini, mientras que más hacia el norte aparece Bodega y Viñedo Jairala Oller, en Ischilín.

Son proyectos que ayudan a comprender hacia dónde está avanzando la vitivinicultura de Córdoba: producciones relativamente pequeñas, fuerte relación entre vino y paisaje y una identidad mucho más artesanal que industrial.

Es otra forma de acercarse al vino. En lugar de enormes extensiones continuas de viñedos, el visitante encuentra pequeños oasis productivos entre serranías, monte y caminos rurales.

CALAMUCHITA: Vinos que nacen entre montañas

Si existe una región que sintetiza el crecimiento reciente del enoturismo cordobés, esa es Calamuchita. Los viñedos aparecen entre bosques, sierras, arroyos y pequeñas localidades turísticas.

La guía provincial enumera numerosos establecimientos en la región: Las Cañitas, Familia Furfaro, Vista Grande, Finca Atos, Sineres, Juana Urbana, Puduam y Río del Medio, entre otros.

Bodega y Restaurante Vista Grande representa muy bien esta nueva generación. El emprendimiento familiar comenzó en 2012 con la intención de desarrollar un pequeño viñedo y fue creciendo hasta alcanzar varias hectáreas, combinando producción vitivinícola y experiencia turística.

También se destaca Bodega Furfaro (Tume), en el corredor de la Ruta 5.

Pero quizás el verdadero protagonista de Calamuchita sea el paisaje. Aquí una degustación puede convertirse fácilmente en una jornada completa: recorrer el viñedo, conocer la bodega, almorzar frente a las sierras y continuar después hacia Villa General Belgrano, Los Reartes, La Cumbrecita u otros rincones del valle.

Es justamente esa combinación la que hace poderoso al enoturismo cordobés.

TRASLASIERRA: Vinos al pie de las Sierras Grandes

Del otro lado de las Altas Cumbres aparece otro universo. Traslasierra posee una fuerte identidad turística propia: pueblos tranquilos, monte, hierbas aromáticas, olivares, gastronomía, arroyos y el imponente cordón serrano dominando el horizonte.

La vid encontró allí un territorio especialmente interesante. La oferta oficial incluye establecimientos como Noble San Javier, La Matilde, Aráoz de Lamadrid, San Ramom, Las Breas y Viarago.

Entre ellos se encuentra VIARAGO Bodega y Viñedos, en Villa de Las Rosas. Aquí la experiencia vuelve a cambiar. Traslasierra invita a beber despacio.

Una copa frente a las montañas, una tabla de productos regionales y el atardecer sobre las Sierras Grandes explican quizás mejor que cualquier ficha técnica qué significa el enoturismo cordobés.

PUNILLA: Viñedos donde pocos esperaban encontrarlos

Incluso uno de los valles turísticos más tradicionales de Córdoba tiene su propia expresión vitivinícola. En Punilla aparecen proyectos como Nébula, en Villa Giardino, y Finca La Marta, en Capilla del Monte, incorporados a la propuesta provincial de Caminos del Vino.

Es una prueba más de la extraordinaria diversidad geográfica de la provincia. La vid aparece allí donde encuentra una combinación favorable de suelo, exposición solar, altura y trabajo humano.

 

LA EXPERIENCIA: CAMINAR, PROBAR, CONVERSAR

¿Qué diferencia a un Camino del Vino de una simple visita a una bodega?

La respuesta está en la experiencia. En Córdoba muchas propuestas combinan visitas guiadas, degustaciones, maridajes, gastronomía y actividades al aire libre. Algunas bodegas incorporan restaurantes e incluso alojamiento. La Agencia Córdoba Turismo señala que más de veinte bodegas y productores artesanales forman parte de esta clase de experiencias.

El visitante puede caminar por el viñedo y preguntar. Puede descubrir por qué una planta fue ubicada en determinado sector, cómo se decide el momento de cosecha o qué ocurre desde que la uva entra a la bodega hasta que el vino llega a una botella.

Pero probablemente lo más interesante sea escuchar las historias. Detrás de muchos vinos cordobeses no hay corporaciones enormes sino familias, productores, agrónomos y enólogos que apostaron por plantar donde otros pensaban que no podía hacerse. Y esas historias también se beben.

CÓRDOBA EN UNA COPA

Los Caminos del Vino proponen finalmente otra manera de recorrer Córdoba.

Una ruta donde no importa solamente llegar. Importa detenerse. Entrar a un viñedo. Conversar con quien trabaja la tierra. Sentarse bajo un árbol. Descubrir un pequeño productor. Probar un vino que quizás no se encuentre fácilmente en una góndola. Acompañarlo con sabores del lugar y mirar las sierras mientras cae el sol.

Córdoba posee algo difícil de reproducir: una enorme diversidad de paisajes concentrada en distancias relativamente cortas. Y cada paisaje puede expresarse de manera diferente dentro de una botella.

Por eso, recorrer sus caminos del vino no consiste simplemente en buscar el mejor Malbec, el mejor Cabernet o el mejor Syrah. Consiste en descubrir qué sabor tiene Córdoba. Y la respuesta cambia en cada valle, en cada viñedo y en cada copa.

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